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Estaba preocupado por el sexo, pero no un tipo de sexo que necesitara ánimos. Las costumbres de apareamiento de las bacterias eran, sin duda, un tema de conversación peculiar; en el círculo social de Odile y él, nadie podía imaginar que las bacterias tuvieran vida sexual. Pero, por otro lado, más valía dejar la tarea de descubrir cómo lo hacían para las mentes mediocres.

La doble hélice

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